En Tenerife las romerías se concentran entre junio y octubre: agosto solo ya trae la de Arafo, la de Abades y varios bailes de magos. Ese día tu calle se llena, pero no de cualquiera: se llena de tu pueblo. El vecino del quinto, la familia que conoces del colegio, la señora a la que le guardas la mesa de siempre. Tratarlos como turista de paso que hay que "captar" es el primer error.
Sé del pueblo, no solo el negocio que vende ese día
Lo que de verdad merece la pena enseñar no es el cartel del ayuntamiento ese lo comparte todo el mundo. Es que tú también participas: los banderines colgados, la terraza montada de más, el equipo listo antes de que llegue la primera oleada. Un vecino que ve a su bar de siempre engalanado igual que su propia calle no lo lee como publicidad, lo lee como que perteneces ahí igual que él.

La calle también se corta, y no pasa nada
La romería tiene también un lado menos vendible: cortes de tráfico, prohibición de aparcar y desvíos de guaguas desde primera hora de la mañana. Cada romería corta las calles de forma distinta, así que presta atención a cómo afecta concretamente a la tuya el reparto, el acceso de tu equipo, tu propio horario y si algo cambia ese día, avísalo con tiempo.
El lunes, la fiesta es de los vecinos
El contenido más barato y con más cercanía no es el del día de la fiesta: son los tres días después. Una foto de la calle recogiéndose, un "gracias" a quien vino, una mención al bar de al lado con el que compartiste la jornada. Es la única semana del año en la que pedir una reseña no suena forzado: la gente todavía se acuerda de tu nombre, y de haberlo pasado bien.
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